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La calidad de un diamante

A la hora de determinar la calidad de un diamante. Se definen cuatro características principales:

Talla

Mucha gente confunde la talla con la forma del diamante.
La talla se define como la calidad de los cortes que se realizan a la pieza. Una buena talla produce más brillos y destellos. Y esa es precisamente la labor de un experto tallador: conseguir que el diamante refleje el máximo de luz.
Para ello la talla ha de conseguir que la luz se refleje internamente en las distintas facetas y posteriormente se disperse a través de la meseta, que es la cara superior de la corona.

Pureza

Casi todos los diamantes contienen unos vestigios diminutos de carbono puro no cristalizado, el elemento a partir del cual se formaron.
Se denominan inclusiones y la mayoría no son visibles a simple vista y sólo se observan si se utilizan métodos de aumento.
Un diamante que carece de estas inclusiones, internas o externas, es considerado el de más alta calidad, ya que la luz se refleja limpiamente en su interior, y es clasificado como internamente perfecto (Flawless)

Color

Los diamantes tienden a abarcar todo el espectro de color. La mayoría, sin embargo se encuentran en una gama que abarca desde aquellos que presentan un ligero tinte amarillo-marrón, apenas perceptible, a los que se describen como incoloros, muy poco frecuentes.
Las diferencias entre los tonos son muy sutiles

Peso en quilates

Como ocurre con todas las piedras preciosas, el peso, y por tanto el tamaño de un diamante, se expresa en quilates.
El quilate equivale a 0,2 gramos (la quinta parte de un gramo).
Un quilate se divide en 100 puntos, por lo que un diamante de 25 puntos se describe como de un cuarto de quilate o de 0,25 quilates (0,05 gramos).